DICCIONARIO DE CIENCIA POLITICA NORBERTO BOBBIO PDF

Tales discontinuidades, sintetizadas con la expresin revolucin industrial, han producido lo que Karl Polanyi ha llamado la gran transformacin, es decir la transicin de la sociedad tradicional de base agrcola a la moderna sociedad industrial. El impacto de las fuerzas modernizantes sobre el modo de vida tradicional ha sido trastornante: una verdadera catstrofe cultural. El avance del industrialismo y del mercado ha erosionado y despedazado importantes conjuntos de vnculos sociales, polticos y econmicos; ha debilitado gravemente la cohesin interna de los grupos primarios; por fin ha trastornado el sistema consolidado de las creencias religiosas que garantizaba un mnimo de solidaridad entre las clases. Rpidamente la gran transformacin ha generado en su fase inicial un gigantesco proceso de movilidad social que ha sido tambin un radical proceso de desarraigo: millones de individuos han sido arrancados de su hbitat sociocultural e inducidos en un nuevo sistema de relaciones -el mercado auto-rregulado- en el cual el sentido de pertenencia comunitaria y de solidaridad estaba amenazado por la despiadada lgica de la ganancia.

Author:Nigor Mooguzil
Country:Lithuania
Language:English (Spanish)
Genre:Photos
Published (Last):13 June 2006
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La fuerza polmica del trmino, presente desde su nacimiento y para nada atenuada por su contradictoria difusin, aceler y acen tu su xito, pero tambin dio pie a no pocos equvocos sobre su esencia, llegando en un cierto momento a hacer problemtica su uti lizacin dentro de los mrgenes de exactitud suficientes para garantizar la cientificidad requerida ya desde entonces tambin por la investigacin historiogrlica.

La prim era generalizacin a la que se lleg inevitablemente fue la de identificar el con cepto de a. Si ste haba sido el origen proba ble del significado del trmino, es evidente tambin que se trataba de una acepcin que sin lugar a duda era til en el plano del deba te poltico e ideolgico, pero que era comple tamente estril a los fines de la investigacin histrico-politica y constitucional, desde el momento que no aada nada en capacidad kizacin del poder.

De ah la doble tendencia a vincular estre chamente el concepto en cuestin con una perspectiva eminentemente tipolgica o con otro concepto, mucho ms definido des de el punto de vista lgico y de los conteni dos, como era el de "tiran a, o bien a redu cirlo a sinnimo de la especificacin histri ca ms precisa del gobierno arbitrario que es el "despotismo, con sus insustituibles ele mentos mgico-sacros y su absoluta falta de referencias jurdicas, en sentido occidental. En ambus casos, pero sobre todo en el segun do ya que en efecto tambin en el plano lin gstico fue donde se crearon los mayores equvocos, con la todava no superada utili zacin de los dos trminos como sinnimos en las principales lenguas europeas , se tuvo una ulterior consecuencia: la de proyectar el a.

Es evidente que se trata, en todo caso, de un concepto artificial. Tanto en sus significa dos polmicos como en los distintos signifi cados cientficos atribuidos, ninguna de sus definiciones puede dejar de aparecer y ser "externa, convencional y relativa, valorable por lo tanto slo en funcin del grado de cla ridad que puede introducir en la comprensin en el plano histrico y por consiguiente tambin en el categorial de un aspecto imprescindible de la experiencia poltica, como es el del poder.

Si se quiere seguir este camino no se pue de por eso prescindir del serio intento de reducir el a. Pero en esa for ma, el a. Se trata entonces de un rgimen poltico constitucional en el sentido de que su funcio namiento est, de cualquier manera, someti do a limitaciones y normas prestablecidas , no arbitrario en cuanto que la voluntad del monarca no es ilimitada , y sobre lodo de tipo secular, profano.

Con estas precisiones, la u. Desde un punto de vista des colocacin espacio-cultural, cronolgica e ins criptivo, se puede p artir de la definicin de titucional del a. Cosa que es completamen cesa aun cuando quede abierto todo el pro te distinta que definirlo como "sistema poli- blema de la supervivencia de elementos abso tico en que la autoridad soberana no tiene lutistas en diversas partes de la Europa con limites constitucionales", o tambin slo tinental , las opiniones son necesariamente como "sistema poltico que se concreta ju r opuestas en cuanto a su principio.

Presente, dicamente en una forma de estado en que en grmenes ms o menos desarrollados toda la autoridad el poder legislativo y el eje segn el estadio de desarrollo de las distin cutivo est en manos de una sola persona, sin tas monarquas "nacionales" europeas, ya en limites ni controles". El problema decisivo es la fase de transicin del sistema feudal al esta el de los lmites: en relacin a l. Aparte, pues, de la necesidad de inves que elemental, del principio fundamental del tigar los orgenes y los antecedentes ya des a.

Ms hecha de las normas impuestas por la ley complicado es, en cambio, tratar de fijar, den natural o por la ley divina; adems, casi siem tro de estos mrgenes, su desarrollo homo pre, implica autonoma respecto de las leves gneo en las distintas experiencias polticas fundamentales del reino: se trata, pues, tam europeas, en donde, por el contrario, se pre bin en sus teorizaciones ms radicales, de sent en pocas y modos diferenciados, dan una absolutez relativa a la gestin del poder, do origen a no pocos problemas importantes el cual en cambio implica limites intrnsecos, de recesin o de influjo de una experiencia en especial constitucionales, en relacin con sobre la otra basta considerar las diferencias los valores y las creencias de la poca.

En segundo lugar, estos lmites sobre todo Nos falla hablar, finalmente, del peligro determ inada de organizacin del poder. La perspectiva que se desprende de ah es por consiguiente, en prim ersim o lugar, la histrico-constitucional. En su interior, los parm etros clasificalorios ms obvios y ti les son los que se refieren al espacio cultural del Occidente europeo, al periodo histrico de la edad moderna y a la forma institucio nal del estado moderno.

La prim era delimi tacin sirve, ante todo, para mantener la dis tancia con la experiencia oriental y eslava del despotismo csuro-papista. La segunda, para diferenciar la organizacin "absolutista" del poder del anterior sistema poltico feudal y de la antigua sociedad por capas v. La ter cera, finalmente, para sealar los limites con cretos que asume histricamente el a. En prim er lugar, porque sin duda han existido ejemplos ilustres de orga nizacin estatal moderna en Occidente, des viados totalmente en la hiptesis absolutis ta.

En segundo lugar, porque sta ha sido, de una manera u otra, slo una hiptesis reali zada a menudo en forma total, pero nunca hasta el punto de excluir otras hiptesis y orientaciones, opuestas o contradictorias, de cuya dialctica se deriva ms bien una gran parte del desarrollo constitucional subsi guiente.

Si por lo tanto, en su prim era fase, el moderno estado occidental fue sobre todo estado absoluto, y no ha sido nicamente esto, el a.

De tal proceso el a. Si esta hip tesis es verdadera, el a. Un buen testimonio de esto lo da la evolucin sufrida por el principio de legi timacin monrquica de la antigua investidu ra por gracia divina de la monarqua consti tucional del siglo xix: evolucin a lo largo de la cual se pasa de una justificacin conscien temente religiosa aunque cada vez menos mgica del poder, a una heroica y clasicista reconocible en la presencia, entre y , de alusiones ideolgicas y pro pagandistas de tipo mitolgico a la figura del principe , para llegar a una predominante mente jurdica y racional respecto de su objetivo.

La amplitud de la parbola en que se colo ca el absolutismo permite atribuirle un sig nificado menos superficial a su misma raz etimolgica. El concepto legihus solulus denuncia inmediatamente que el terreno en que se asent desde la Edad Media la obliga cin poltica en Occidente fue el jurdico. Sin embargo, en el mbito en que operaba la gran tradicin romana, mantenida con vida e inter pretada por la iglesia, se produjo, a principios de la edad moderna, una fisura revoluciona ria, en la medida en que la independencia res pecto de las leyes se convirti muy pronto en emblema de los nuevos prncipes territo ria les que aspiraban a conquistar y a consolidar una posicin de autonoma en oposicin a las pretensiones hegemnicas imperiales y papa les, por una parte, y a las seoras locales, pol la otra.

En el fondo, este enfrentamiento refle jaba, sin embargo, un importante cambio cultural, que se haba hecho posible y se haba incrementado gracias al redescubrimiento del derecho romano y a la inmensa obra de actua lizacin e interpretacin realizada con el por juristas laicos y eclesisticos, por escuelas y orientaciones que se fueron sucediendo en toda Europa hasta el siglo xvu.

Se trata de la oposicin progresiva al "buen derecho anti guo", a la simple e indemostrada apelacin "a Dios y al derecho, a la concepcin de carcter evidentemente sacro del derecho del prncipe-sacerdote, "encontrado en la gran masa de las normas consetudinarias, natu rales y divinas existentes desde tiempo inme morial.

En su lugar se reafirma, en cambio, la idea de un derecho "creado" por el prnci pe, de acuerdo con las necesidades del tiem po y basado en las tcnicas ms actualizadas. Un derecho, pues, concreto, adecuado al obje tivo, pero por eso mismo mutable y no obli gatorio, del que puede librarse siempre el prncipe que lo cre.

El prncipe proclama hace que sus legistas proclamen su indepen dencia respecto de este derecho, prueba evi dente de que esta nueva tendencia se orienta ya conscientemente en direccin de la racio nalizacin e intensificacin del poder y de la relacin fundamental en que se ejerce: la rela cin entre autoridad y sbditos.

La frmula mencionada se articula, en efec to, en el nivel lgico, en dos reivindicaciones ulteriores, retomadas una vez ms, aunque en un sentido completamente distinto, del anti guo derecho romano, y que corresponden, en esencia, a las lneas fundamentales del pro ABSOLUTISMO ceso de formacin del estado moderno, a tra vs de la consolidacin de la autoridad en el exterior y en el interior del "territorio" en que surge.

La supremaca imperial y papal, por una parte, y la participacin de los poderes locales consilium , por la otra, constituyen dos obstculos que se interponen a la defini cin del poder monocrtico del prncipe. Con tra el prim ero de ellos, este ltimo se procla ma superiorem non recognoscens e imperator in refino suo, negando cualquier forma de dependencia tanto respecto del emperador como respecto al pontifice.

Contra el segun do, en concomitancia con la sustitucin cada vez ms convincente del derecho "creado en lugar del "encontrado" y con la exigencia cre ciente de establecer y m antener la paz terri torial, se reafirma el principio por el que quod principi placuit egis habet vigorem. A esta altura, la absolutez del poder monr quico se ha consumado en teora, al no encon tra r ya el prncipe lmites al ejercicio de su poder ni en el exterior ni en el interior del naciente estado.

Ya no es sbdito de ningu no y ha hecho sbditos a todos los que estn debajo de l. Se ha delineado, en suma, en sus rasgos esenciales, el nuevo e indiscutible prin cipio de legitimidad del principe en el esta do: el principio de la soberana, la summa Icgibusque soluta potestas, de la cual en el lti mo cuarto del siglo xvi Bodin podr hacer una sistematizacin terica definitiva.

Si la reduccin del a. Entre los siglos xm y xvi se lle v a cabo, en efecto, pasando tambin a tra vs del filtro jurdico y frente a problem ti cas y convicciones muy enraizadas y compli cadas, una de las mayores revoluciones cul turales de que ha sido testigo el Occidente. Si secularizacin significa prdida progresiva de los valores religiosos cristianos de la vida humana, en todos sus aspectos, a.

Desde este punto de vista, vuel ven a incorporarse ciertamente en la historia del a. Dejando a un lado los pasajes aislados a tra vs de los que se llev a cabo la "desm orali zacin" de la poltica y que contribuyeron al nacimiento del "espritu laico" en una pers pectiva predominantemente antitomista, uno de los puntos de llegada de dicho proceso est representado, sin lugar a duda, por la obra de Nicols Maquiavelo.

De hecho, la relacin de. Vlaquiavelo con el a. Se trata, natu ralmente, de la Reforma protestante, cuya contribucin al fortalecimiento del poder monrquico en su dimensin ms institucio nal es incuestionable, tanto en teoria como de hecho, no slo en los territorios alemanes en que pudieron jugar tambin motivos histri cos contingentes, sino tambin en los princi pales pases europeos, que desde haca tiem po se encaminaban a la concentracin y racio nalizacin monrquica en primer lugar Ingla terra y Francia.

De esta contribucin vale la pena recordar no slo el tema de la no positividad de la vida terrena] para el ms all y la consiguiente desvalorizacin de todo compromiso, aun pol tico, fuera de aquel eminentemente oficial y de servicio del principe, sino tambin el consiguiente y estrechsimo vinculo con la obediencia del sbdito a la autoridad y, toda va ms por la modernidad y el subsecuente xito de la justificacin , la legitimacin del poder absoluto en trminos de un mero bonum commune: entendido este ltimo en un sentido evidentemente material, de segu ridad, paz, bienestar y orden.

Son todos motivos los maquiavlicos y los reformados que convergen fcilmente en las doctrinas polticas del a. Los seis libros del estado, de Bodin, repre sentan ciertam ente el proyecto ms convin cente salido del movimiento de los puliliques, a fines del siglo xvi, en respuesta a una situa cin interna francesa gravemente deteriora da, si se considera que el largo camino que ya haba recorrido la monarqua en pos de una administracin centralizada y racional del territorio unificado haba sufrido una fisura y un retroceso sorprendentes, en nom bre de una oposicin religiosa bajo la cual se ocultaba una extraa mezcolanza de antiguos intereses feudales y nuevas tal vez todava no conscientes necesidades burguesas, en pugna con las prerrogativas prevalecientes y las aspiraciones de la alta nobleza, de los Grandes del reino.

Es muy significativo que la victoria les haya correspondido a los politiques, en nombre del nuevo principio pol micamente atribuido a l por sus enemigos , de "cstal, estat;plice, plice". En efecto, por prim era vez haban vencido abiertam ente al estado y la poltica, encarnados, tanto el uno como la otra, en la figura del prncipe, aun que habian sido reducidos a la unidad teri ca, por obra de Bodin, en el principio de la legitimacin de la soberana, sumnta legibusque soluta potestas, expresado de manera sus tancial en el "no [ Ciertamente queda en pie la limitacin de la "ley natural y divina", limitacin que, adems de ser difcil de sancionar, estaba muy lejos de no tocar los problemas inherentes a los asuntos concretos del gobierno, cuya absoluta inderogabilidad le sirve ms bien a Bodin para reforzar la derogabilidad de las "leyes ordinarias ibd.

Queda todava el lmite de las "leyes que se refieren a la estructura misma del reino y de su ordenamiento fundamental", pero tambin stas encuentran una explica cin totalmente convincente en los trminos mismos del a. Habra, en realidad, un ltimo lmite que seria decisivo y pondra en juego el conceptu mismo de soberana, si de veras fuera obligatorio: el que se deriva del jura ABSOLUTISMO ment hecha par el prncipe de respetar las "leyes civiles" o los pactos estipulados por l con los sbditos sobre todo, en concreto, con las asambleas de los estamentos.

Es un caso que Budn aborda con una serie inter minable de distorsiones y ejemplos histricos, para resolverlo despus definitivamente recu rriendo a un expediente conclusorio que no por casualidad ha sido aceptado recientemen te por Cari Schmitt como el verdadero rasgo distintivo de la soberana : la decisin, en caso de excepcin, le corresponde de una manera u otra al prncipe, "segn la exigencia de cir cunstancias, tiempos o personas.

Queda asi establecido, de una vez por todas, que "el pun to ms alto de la majestad soberana consiste en dictar leyes a los sbditos, en general y en particular, sin necesidad de contar con su consentimiento ibd.

Mucho ms pertinente y ntida es la argu mentacin presentada, tres cuartos de siglo despus, por Hobbes para apoyar el poder absoluto. Y tambin ms inquietante, ya que la mayor complejidad de los problemas lo ohliga a abandonar el mtodo slido de Budn y de los pulitiqucs orientados a una fundamentacin predominantemente funcional del poder, en trminos de eficiencia y de orden, recurriendo nicamente a la lgica abstrac ta e instrumentalmente neutral del derecho.

En una situacin poltica seguramente ms avanzada, que ya haba sido testigo de la con solidacin del poder monrquico y que esta ba viviendo la spera oposicin por parte de fuerzas mucho ms homogneas y consolida das en la defensa de los nuevos intereses eco nmicos que las que haba habido en Fran cia durante el siglo anterior, Hobbes se ve obligado a seguir el nico camino disponible para establecer el nexo roto entre la sobera na la reivindicada en una forma tan decidi da y tradicional por la monarqua Estuardo y el derecho el de los centros de poder local, del parlamento que los agrupaba, de la gentry que empezaba a expresarlos en el nivel de cla ses y para fundamentar una legitimidad real: la admisin de un sistema jurdico dotado de reconocimiento universal.

Este ltimo ya existia en el derecho natural moderno que, despus de haber sido utilizado ventajosa mente en el transcurso del siglo xvt como instrum ento racional para resolver cuestio nes anormales o completamente originales algunas condiciones propias de las nuevas tierras de ultram ar, el mismo derecho inter nacional , encontr una aplicacin por obra de Hobbes, en la definicin terica del poder, de la soberana y del estado.

Despus de la gran descripcin que haba hecho de l Bodin, se redujo a su esencia ltima de "animal arti ficial, de "autm ata: ni ms ni menos "que un hombre artificial aunque de mayor esta tura y fuerza que el natural, para cuya pro teccin y defensa fue concebido Thomas Hobbes. De esa manera, el a. La legitimacin que se desprende de esto es la ms radical que pueda concebirse, ya que finca sus races en la naturaleza misma del hombre y en la "ana loga de las pasiones" propias dcada uno de ellos.

Asi, Hobbes lleva finalmente a trmino la revolucin de Maquiavelo, fincando la abso lutez de la poltica en la absolutez del hom bre y fundamentando la brutalidad necesaria del poder dentro del estado en la simple con sideracin de que este ltimo es una creacin artificial del hombre que recurre a ella para m oderar dentro de la historia la tragedia de su destino de lupus, que nu puede ser ms que la muerte.

El razonamiento es elemental: las pasiones del hombre tan naturales como nocivas no son pecado mientras no haya una ley que las prohba: esta ley debe establecer se, y para ello debe nom brarse una persona dotada de autoridad. Injusticia, ley V poder son tres eslabones de la misma cadena lgi ca que tiende a perm itir, de una manera arti ficial, que el hombre sobreviva. En conclusin, tambin para Hobbes, la esencia de la soberana radica en la absolu tez y en la unicidad del poder, de manera que todas las voluntades individuales de los hom bres se reduzcan a una sola voluntad.

Esto es ms que un consentimiento o un acuerdo: es una unificacin real de todos ellos en una misma persona, lograda por medio de un pac to de cada hombre con cada hombre [. El estado, de hombre artifi cial, se convierte en dios mortal, "una perso.

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