HEGEMONIA Y SUPERVIVENCIA CHOMSKY PDF

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Author:Tygonris JoJoshura
Country:Turkmenistan
Language:English (Spanish)
Genre:Science
Published (Last):9 January 2014
Pages:42
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ISBN:217-9-69637-363-6
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Terrorismo y justicia: algunas verdades tiles Una pesadilla pasajera? Su r a c i o c i n i o tena que ver con el valor adaptativo de la que llamamos " inteligencia superior", en el sentido de la organizacin intelectual p r o p i a del h o m bre. M a y r calcul el nmero de especies desde el o r i g e n de la v i d a en alrededor de 50 millones, de las cuales slo una "alcanz el tipo de inteligencia necesario para crear una civilizacin". C o s a que se dio hace apenas muy poco, tal vez unos 0 0 0 aos atrs.

La creencia general es que slo sobrevivi un pequeo g r u p o reproductor, del que todos nosotros descendemos. M a y r plante que la seleccin tal vez no propicia la organizacin intelectual de tipo humano. La historia de la v i d a en la Tierra, escriba, refuta la afirmacin de que "es mejor ser listo q u e estpido", al menos si se juzga en trminos de xito biolgico.

L o s escarabajos y las bacterias, por ejemplo, son muchsimo ms exitosos que los hombres en trminos de supervivencia. Asimismo, M a y r hizo la ms bien 1 M a y r , en Bioastronomy News 7, n m. Ingresamos ahora en un perodo de la historia humana que podra dar respuesta a la pregunta de si es mejor ser listos que estpidos.

La perspectiva ms esperanzadora est en que la pregunta no tenga respuesta. Si obtiene una respuesta terminante, esa respuesta slo puede ser que los humanos fueron algo as como un "error biolgico", habiendo utilizado sus aos asignados para aniquilarse entre ellos y de paso acabar con casi todo lo dems. Sin duda alguna, la especie humana ha desarrollado la capacidad de hacer precisamente esto; y un hipottico observador extraterrestre bien podra concluir que los humanos han dado prueba de esta capacidad a lo largo de la historia, de manera dramtica en los ltimos cien aos, con su ataque contra el ambiente que sustenta la vida, contra la diversidad de organismos ms complejos y, con fro y deliberado salvajismo, tambin contra sus semejantes.

Para dar unos pocos ejemplos, a principios de otoo de se supo que cuarenta aos antes esquivamos por un pelo una guerra nuclear, posiblemente de carcter final. Acto seguido de esta alarmante revelacin, el gobierno de Bush bloque los esfuerzos de la O N U para prohibir la militarizacin del espacio, lo que constituye una seria amenaza a la supervivencia.

La administracin B u s h tambin puso fin a las negociaciones internacionales para impedir la guerra biolgica y entr en accin para hacer inevitable el ataque a Iraq, a pesar de una oposicin popular sin precedente histrico.

Washington ignor las advertencias, que poco inters despertaron en los medios. U n a comisin norteamericana de alto nivel c o n c l u y que los ataques con armas de destruccin masiva A D M en t e r r i t o rio de Estados U n i d o s eran "probables" y lo seran ms an en el caso de una guerra con Iraq. Numerosos expertos y agencias de i n teligencia emitieron admoniciones similares, aadiendo que la beligerancia de Washington, no slo contra Iraq, h a d a crecer la a m e n a z a a largo plazo de terrorismo internacional y proliferacin de A D M.

Estas advertencias tambin fueron ignoradas. En septiembre de la administracin B u s h proclam su Estrategia de Seguridad N a c i o n a l , donde afirma el derecho de EstadosUnidos a recurrir a la fuerza para eliminar cualquier desafo que se perciba contra su hegemona m u n d i a l , la cual ha de s e r permanente. Esta nueva estrategia global despert hondas p r e o c u p a ciones en todo el mundo, incluso dentro de la lite que d i r i g e la poltica exterior estadounidense.

Tambin en septiembre se l a n z una campaa de propaganda para pintar a Saddam H u s s e i n c o m o una amenaza inminente contra Estados U n i d o s e insinuar q u e era el responsable de las atrocidades del 11 de septiembre s y que tramaba otras. La campaa, programada para que c o i n c i d i e r a con las elecciones de mitad de perodo del Congreso, consigui m o d i f i c a r actitudes con un notable xito.

D i c h a campaa logr, en poco t i e m po, apartar a la opinin pblica estadounidense de la banda de la opinin mundial y ayud a que la administracin a l c a n z a r a sus metas electorales y convirtiera a Iraq en un verdadero terreno de prueba para la recin proclamada doctrina del uso de la fuerza a discrecin.

El presidente B u s h y sus asociados insistieron tambin en torpedear los esfuerzos internacionales por reducir reconocidas a m e n a zas graves contra el medio ambiente, con pretextos que a p e n a s disimulaban su devocin por algunos sectores restringidos d e l po- [9] Hegemona supervivencia der privado. El Programa Cientfico sobre C a m b i o Climtico P C C C de la administracin, escribe D o n a l d Kennedy, director de la revista Science, es una farsa que "no incluye recomendaciones para limitar las emisiones, ni tampoco otras formas de mitigacin" y se contenta con "metas de reduccin voluntaria que, as se cumplan, permitiran que las tasas de emisin de Estados Unidos continen creciendo alrededor del 14 por ciento por dcada".

El PCCC n i siquiera tiene en cuenta la posibilidad, sugerida por un "creciente acervo probatorio", de que los cambios de calentamiento en el corto plazo de los que hace caso omiso "dispararn un abrupto proceso no l i n e a l " , que producir drsticos cambios de temperatura que podran conllevar riesgos extremos para Estados Unidos, Europa y otras zonas templadas.

La "desdeosa abstencin de entrar en compromisos multilaterales sobre el problema del calentamiento global [por parte de la administracin Bush]", prosigue Kennedy, fue " l a postura que dio inicio al largo y continuado proceso de erosin de sus amistades en Europa", y remat en "un resentimiento ardiente". Las 3 inquietudes mundiales aumentaron en los meses siguientes, cuando el gigante puso en claro su intencin de atacar a Iraq, as los inspectores de la O N U , que toleraba de mala gana, no consiguieran desenterrar armas que sirvieran de pretexto para la invasin.

P a r a el mes de diciembre, el apoyo a los planes de guerra de Washington difcilmente llegaba al 10 por ciento en casi todas partes por fuera de Estados Unidos, segn encuestas internacionales. El desconocimiento de los derechos y necesidades humanos ms elementales iba a la par con una exhibicin de desprecio por la democracia s i n paralelo alguno que venga a la cabeza, todo esto acompaado de manifestaciones de sincero compromiso con los derechos h u m a n o s y la democracia.

Los presentes acontecimientos deberan p e r t u r b a r hondamente a quienes se preocupan por el mundo que dejarn a sus nietos.

Si bien los estrategas de B u s h estn del lado extremo del espectro de las polticas tradicionales de Estados Unidos, sus p r o g r a m a s y doctrinas tienen muchos precursores, tanto en la historia norteamericana como en la de anteriores aspirantes al poder m u n d i a l. P a r a colmo de males, sus decisiones bien pueden no ser irracionales dentro del marco de la ideologa dominante y las instituciones q u e la encarnan.

A b u n d a n los antecedentes histricos de lderes dispuestos a amenazar con la violencia o recurrir a ella ante un significativo riesgo de catstrofe. Pero lo que ahora est en juego es mucho m s. La opcin entre hegemona y supervivencia rara vez, si a c a s o , se ha planteado de manera tan lgida. Tratemos de desenredar algunos de los muchos hilos q u e componen este tapiz complejo, enfocando la atencin en la p o t e n c i a mundial que declara su hegemona mundial.

Muchos de ellos disfrutan de ventajas y libertades poco comunes de all su habilidad para trazar el futuro y deberan enfrentar con cuidado las responsabilidades que se desprenden como corolario inmediato de este privilegio. Estas no se ocultan en los Estados ms violentos. En las sociedades ms democrticas las barreras son ms sutiles. Si bien los mtodos difieren pronunciadamente desde las sociedades ms brutales a las ms libres, los objetivos son, de muchas maneras, similares: asegurarse de que la "gran bestia", como Alexander Hamilton llamaba al pueblo, no traspase los lmites debidos.

El control del comn de la poblacin ha sido siempre una de las preocupaciones dominantes del privilegio y el poder, especialmente desde la primera revolucin democrtica moderna en la Inglaterra del siglo x v i i.

Los autodenominados "hombres de primera calidad" miraban consternados cmo una "aturdida multitud de bestias con figura de hombre" repudiaba la estructura bsica del conflicto civil que se libraba en Inglaterra entre la corona y el parlamento y exiga un gobierno "de compatriotas iguales a nosotros, que conozcan nuestras necesidades" y no de "caballeros y seores que nos dictan leyes, elegidos por temor y que nicamente nos oprimen y desconocen las aflicciones del pueblo".

As las cosas, los hombres de primera calidad declaraban que, puesto que el pueblo es tan "depravado y corrupto" como para "conferir posiciones de poder y responsabilidad a hombres indignos y malvados, renuncia a su poder a este respecto y lo cede a los buenos, as estos sean pocos".

C a s i tres siglos [12] PRIORIDADES Y PERSPECTIVAS despus, el "idealismo wilsoniano", como suele llamrsele, a d o p t una actitud bastante parecida: en el exterior, la responsabilidad de Washington es ver que el gobierno est en manos de "los b u e n o s , as estos sean pocos"; en casa, es necesario resguardar un s i s t e m a de toma de decisiones por las lites y ratificacin por el p b l i c o -"poliarqua", en el lxico de la ciencia poltica-, en vez de u n a democracia.

Ya en tiempos de W i l s o n , a m p l i o s sectores de lite de los Estados U n i d o s y G r a n Bretaa reconocan que en el interior de sus sociedades la coercin era una h e r r a m i e n t a de decreciente utilidad y que habra que inventarse nuevas f o r m a s de domar a la bestia, principalmente mediante el control de o p i n i o nes y actitudes. Desde entonces han surgido colosales i n d u s t r i a s dedicadas a tales fines.

El propio parecer de Wilson era que haba que facultar a u n a lite de caballeros de "ideales elevados" para que preservase " l a estabilidad y la rectitud". Algunos renombrados pensadores se m o s t r a 6 ron de acuerdo. Esta "revolucin" en el "ejercicio de la democracia" debera habilitar a una "clase especializada" para el manejo de los "intereses comunes" que "en gran parte se le escapan por completo a la opinin pblica": en suma, el ideal leninista. Lippmann haba observado de primera mano esa revolucin en el ejercicio de la democracia, como miembro que fue del Comit de Informacin Pblica de W i l s o n , creado para coordinar la propaganda en tiempos de guerra y que tuvo mucho xito en azuzar la poblacin hasta el delirio blico.

Aquellos "hombres responsables" que son los indicados para tomar decisiones, prosigue L i p p m a n n , deben " v i v i r libres del pisoteo y el bullicio de un rebao azorado". Esos "extraos entrometidos e ignorantes" deben ser "espectadores", no "participantes". Pero la manada tiene, s, una "funcin": pisotear peridicamente a favor de este o aquel elemento de la clase dirigente en tiempo de elecciones.

Lo que no se dice es que los hombres responsables alcanzan ese estatus no por tener un talento o conocimientos especiales, sino por subordinarse voluntariamente a los sistemas del poder real y guardar lealtad a sus principios operativos; de modo primordial a ese que dicta que las decisiones bsicas sobre la v i d a social y econmica se deben circunscribir a instituciones con un control autoritario vertical, en tanto que la participacin de la bestia se debe limitar a una palestra pblica mermada.

Qu tan mermada deba ser la palestra pblica es objeto de debate. Las iniciativas neoliberales de los ltimos treinta aos se han dirigido a restringirla, dejando la toma de decisiones bsicas en el seno de tiranas privadas que en gran medida no rinden cuentas, ligadas estrechamente unas con otras y con unos cuantos pases poderosos. La democracia puede sobrevivir as, pero bajo una forma severamente reducida. H a y quienes sostienen que la democracia escasamente existe y se burlan de los expertos q u e "efectivamente viven de contrastar los puntos ms sutiles de las comedias de la cadena de televisin N B C con las que pasa la c a d e n a C B S " durante las campaas electorales.

James M a d i s o n sostena que el poder deba ser delegado al "caudal de la n a c i n " : el "grupo de hombres ms capaces", que entienden que el papel d e l gobierno consiste en "proteger a la minora de los opulentos c o n t r a la mayora".

Precapitalista en su visin del mundo, M a d i s o n c o n fiaba en que el "estadista ilustrado" y el "filsofo benvolo" q u e habran de ejercer el poder discerniran el verdadero inters de su pas" y protegeran el inters pblico del "dao" de las mayoras democrticas. American Empire, H a r v a r d , , p g.

En aos posteriores lleg a temer que surgieran graves problemas con el probable aumento de quienes "trabajarn en medio de todas las penurias de la vida, suspirando en secreto por una distribucin ms equitativa de sus beneficios". G r a n parte de la historia moderna refleja estos conflictos sobre quin tomar las decisiones y cmo.

El reconocimiento de que el control de la opinin es el fundamento del gobierno, del ms desptico al ms libre, se remonta por lo menos hasta D a v i d H u m e. Pero habra que hacer una precisin: dicho control es mucho ms importante en las sociedades ms libres, donde la obediencia no se puede mantener a latigazos.

Es apenas natural que las instituciones modernas de control del pensamiento -llamado con franqueza propaganda antes de que la palabra cayera en desuso por sus connotaciones totalitaristas- hayan tenido origen en las sociedades ms libres. G r a n Bretaa fue pionera con su Ministerio de Informacin, dedicado a "dirigir el pensamiento de la mayora del mundo".

Wilson apareci poco despus con su Comit de Informacin Pblica. Su xito propagandstico inspir a los tericos demcratas progresistas y a la moderna industria de las relaciones pblicas. Sobresalientes miembros del C I P , como Lippmann y Edward Bernays, de modo muy explcito se inspiraban en estos logros de control del pensamiento, que Bernays llamaba "ingeniera del asentimiento El trmino propaganda entr como vocablo a la Enciclopedia Britnica en y a la Enciclopedia de las Ciencias Sociales una dcada despus, con la sancin acadmica por parte de H a r o l d Lasswell de las nuevas tcnicas para el control de la mente del pblico.

Los mtodos de los pioneros resultan particularmente significativos, como escribe Randal M a r l i n en su historia de la propaganda, debido a su "amplia imitacin En tales casos, la d i r i g e n c i a poltica puede verse tentada a seguir la senda de la administracin Reagan, que estableci una Oficina de D i p l o m a c i a Pblica p a r a fabricar consentimiento sobre sus devastadoras polticas en C e n t r o a mrica.

Un alto funcionario del gobierno describi la O p e r a c i n Verdad de esta oficina como una "enorme operacin p s i c o l g i c a como las que conducen los militares para influenciar a la poblacin de un territorio vedado o enemigo", una honesta caracterizacin de actitudes muy difundidas hacia la poblacin nacional.

Los lderes de la presente administracin B u s h - e n su m a y o r parte reciclados de los sectores ms reaccionarios de la a d m i n i s t r a cin Reagan-Bush I - lo ilustraron con toda claridad en su a n t e r i o r paso por cargos pblicos.

Cuando la Iglesia y otros d e s c a r r i a d o s desafiaron el tradicional rgimen de violencia y represin en los dominios centroamericanos del poder estadounidense, el g o b i e r n o de Reagan respondi con una "guerra contra el terror", d e c l a r a d a 9 R a n d a l M a r l i n , Propaganda and the Ethics of Persuasin.

No sorprende que la iniciativa norteamericana se convirtiera al instante en una guerra terrorista, una campaa de matanzas, torturas y barbarie que pronto se extendi a otras regiones del planeta. En un pas, Nicaragua, Washington haba perdido el control de las fuerzas armadas que venan subyugando a su poblacin, otro amargo legado del idealismo wilsoniano.

Los rebeldes sandinistas derrocaron la dictadura de Somoza, apoyada por Estados Unidos, y disolvieron la sanguinaria Guardia Nacional. Fue necesario, por lo tanto, someter a Nicaragua a una campaa de terrorismo internacional que dej al pas en ruinas. Hasta los efectos psicolgicos de la guerra terrorista de Washington son graves. El espritu de regocijo, vitalidad y optimismo que sigui al derrocamiento de la dictadura no pervivi mucho tiempo despus de que la superpotencia imperante interviniera para frustrar toda esperanza de que una historia siniestra tomara al fin un nuevo rumbo.

En los dems pases centroamericanos en la mira de la "guerra contra el terror" del reaganismo, las fuerzas equipadas y adiestradas por Estados Unidos mantuvieron el mando.

Sin un ejrcito que defendiera a la poblacin de los terroristas o sea, de los propios organismos de seguridad , las atrocidades fueron an peores. El registro de asesinatos, torturas y devastacin fue ampliamente difundido por organizaciones de derechos humanos, grupos eclesisticos, estudiosos latinoamericanos y muchos otros; pero poco supieron de l, antes de ser borrado con prontitud, los ciudadanos del pas con la mayor responsabilidad en ello".

Para mediados de la dcada de las campaas terroristas apoyadas por Washington haban creado sociedades "afectadas por 11 Sobre los estrechos lmites del debate p e r m i t i d o , vase mi Necessary Illusions. La poblacin haba "interiorizado la aceptacin" del "empleo cotidiano y frecuente de mtodos violentos" y " l a frecuente aparicin de cadveres t o r t u rados".

De regreso de una corta visita a su nativa Guatemala, el periodista Julio Godoy escriba que " u n o se ve tentado a creer que ciertas personas en la C a s a Blanca veneran deidades aztecas G o d o y haba h u i d o unos aos antes, cuando terroristas de Estado volaron su peridico, La Epoca, operativo este que no despert inters alguno en E s t a d o s Unidos: la atencin se fijaba con esmero en las fechoras del e n e m i go oficial, sin duda reales pero apenas detectables dada la e s c a l a del tenor estatal apoyado por E E U U e n l a regin.

L a C a s a B l a n c a , c o m o escribi Godoy, instal en Centroamrica y brind ayuda a fuerzas que "fcilmente podan competir con la Securitate de Nicols C e a u sescu por el premio mundial de la c r u e l d a d ".

El congreso concluy que no basta con fijarse tan slo en el terror. No menos importante es "explorar Torture in Latin America. Y una vez se lleva a cabo, la democracia formal es permitida En crculos ms sinceros se admite la verdad de mucho de todo esto.

Desde luego, quienes lo entienden ms a fondo son las bestias con figura de hombre que sufren las consecuencias de desafiar los imperativos de la estabilidad y el orden.

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